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Cuando el ser
humano hace una descripción de sí mismo,
generalmente dice: yo soy abogado, soy un
atleta, soy ama de casa, soy el hermano de
fulano, etc. Si bien, para que otras personas
nos conozcan tenemos que describirnos de alguna
manera, deberíamos tener siempre presente, que
cualquiera de nosotros es mucho más que alguno
de los ejemplos citados, sobre todo, si tenemos
en cuenta que una misma persona podría cumplir
con todos a la vez, en alguna etapa de su vida.
Haciendo un rápido análisis de lo expuesto en
el párrafo anterior, se puede deducir que en
Yoga, se toma al individuo, como un ente
conjuntado que va más allá de la profesión
que tengan o de la función que cumple en la
escala social, en determinado momento de su
vida. Se podría decir que la existencia humana
es como la suma de distintas caras, ya que una
misma persona puede englobar y desarrollar la
personalidad de padre, hermano, hijo y amigo al
mismo tiempo, dependiendo de la faceta que
desempeña, de con quién habla o con quién
trata en un momento dado. Cuando nuestro
EGO se identifica plenamente con una parte, o
con todas las funciones descritas anteriormente,
vivimos en un estado que pasa continuamente del
sentimiento de felicidad o al infelicidad. Esto
es debido a que al tener una identificación
demasiado individualizada, hacia todas las cosas
y hechos que nos rodean, éstos nos producen
sensaciones de excitación, tristeza, euforia,
soledad, etc. Si por el contrario, pudiéramos
ser capaces de hacer que nuestro EGO se
identificara con un ideal de tipo espiritual, más
elevado, esto haría que los cambios continuos a
que nos encontramos sometidos, nos afectaran en
menor medida. Estos cambios ocasionados por el
tiempo en su proceso de desgaste, ya sea tomados
en un término estrictamente personal, o en los
seres queridos que nos rodean, serían mucho más
fácil de sobrellevar y nos permitirían una
existencia más equilibrada y armoniosa de lo
que habitualmente estamos acostumbrados.
Algunas
de las distintas identificaciones del EGO,
explicábamos igualmente que como producto de
las mismas, nacían los estados que de forma común
llamamos felicidad o infelicidad. Si partimos de
la base, de que el ser humano tiene un
componente (además del mental), emocional y físico,
podemos deducir que los estados de felicidad /
infelicidad, dependen de muchos factores, como
por ejemplo : una buena forma física, mezcla de
salud y forma del cuerpo. Dominio sobre nuestras
emociones o estados sentimentales. Control sobre
los sentidos.
A
todos estos hechos se le puede sumar otro
factor: el tiempo, que al actuar como agente de
desgaste, también incide en nuestros estados de
ánimo y mentales. Este último factor es
probablemente el más importante, ya que si a
cualquiera de nosotros nos dieran plena
seguridad, de que en la vida vamos a tener
tiempo de hacer o conseguir todas las metas
propuestas, seguramente desaparecerían como por
encanto, los demás factores que crean un estado
de ánimo feliz o infeliz. De no existir
entonces el factor tiempo, la felicidad dependería
exclusivamente de insistir en nuestros
objetivos, ya, que éstos serían alcanzados
tarde o temprano.
Debido
a que esa situación no es posible y a que el
desgaste que produce el tiempo en cada persona,
es relativo a la individualidad, en Yoga existen
una serie de métodos para descansar la mente y
evitar en parte, al menos, la serie de factores
que estuvimos nombrando y que crean al individuo
diferentes tensiones, inseguridad, estados
depresivos, etc. La forma de lograr que el EGO
no se identifique con los distintos factores que
perturban la armonía o tranquilidad interior,
pero que sí lo haga con una idea superior de
vida, es a través de la meditación. Es por
medio de la misma, que el ser humano impulsa su
mente a un estado intermedio, entre el sueño y
la vigilia, en el cual se puede experimentar una
sensación de dicha, liberándonos durante los
minutos que dura este estado de todas las
tensiones e inseguridades experimentadas durante
cada día.
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